5.5. Moras y sílex

En Triacastela tuve que tomar una decisión puesto que la guía ofrecía dos rutas alternativas: una que pasaba por el monasterio de Samos y otra que pasaba por diferentes pueblos y, en principio, no ofrecía nada especial. No sé muy bien porque tomé la decisión de seguir por la segunda. Por alguna razón preferí obviar el monasterio. La mayoría de los del grupo, por el contrario, optaron por Samos, así que nuevamente volví a caminar solo.

El día era precioso y, en un momento determinado, empecé a ver zarzales llenos de moras junto a la carreterita por la que caminaba. Estaban en su punto así que estuve comiendo unas moras deliciosas. Más regalos que el camino ponía a mi disposición.

Una de las veces que me paré a descansar apareció Margarita, la australiana. También ella había preferido esta ruta. Ella tenía una razón específica. Me dijo que unos amigos suyos le habían hablado de que había un punto en esta etapa en el que, si te desviabas un par de kilómetros, podías encontrar a un artesano del silex que hacía piezas muy bonitas.

La idea me entusiasmó ya que soy un enamorado de las piedras, de los minerales y de las formas y volúmenes que unas y otros adquieren. Creo que fue entre Furela y Pintin aunque no estoy del todo seguro. Un cartel pintado en negro sobre un trozo de madera clavado en un árbol  indicaba: SILEX. Bajo el nombre una flecha negra señalaba la dirección que había que seguir.

La seguimos sin dudar y nos condujo a una casa de piedra tras un muro no muy alto que la rodeaba. Estaba cerrada y no había nadie. Decidimos esperar allí. Deambulando por los alrededores, mientras hacíamos tiempo, encontramos restos de piedras trabajadas. Imaginamos que eran restos de minerales con los que el artesano había estado trabajando.

Estuvimos casi dos horas esperando y allí no apareció nadie así que, finalmente, decidimos continuar nuestro camino. No sin antes recoger algunas de aquellas piedras que estaban tiradas en el suelo. Yo me lleve seis piedras muy bonitas. Algunas las regalé a mis amigos al volver del camino y otras aún las conservo.

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