5.2. Santiago, el perro

En algún lugar entre Vilafranca y O Cebreiro oí hablar de él por primera vez. Alguno de los peregrinos me lo comentó:

–       Hay un perro que está haciendo y deshaciendo el camino. Me han dicho que acompaña un rato a los peregrinos y se para cuando y donde quiere.

Era un perro salchicha más bien pequeño y tenía, desde mi punto de vista, una fuerte personalidad. En efecto, a lo largo de las 3 ó 4 etapas siguientes, Santiago, como pronto bautizamos al perro, aparecía y desaparecía como por encanto. Había peregrinos que le hacían más caso que otros, pero lo cierto es que daba la impresión de que era él, más que nosotros, quien elegía con quien estar y a quien seguir. De repente lo veías aparecer a la vera del camino, situarse junto a ti y caminar un rato a tu lado. Luego, de la misma manera, se paraba y supongo que esperaba o se iba con otros peregrinos.

Los peregrinos y peregrinas lo comentábamos en los albergues y, a raíz de sus relatos, pude comprobar efectivamente que Santiago hacía y deshacía camino. En más de una ocasión, a lo largo de los días siguientes, nos parecía que lo habíamos perdido o que había quedado más atrás pero tan sorpresivamente como se había ido volvía a aparecer. Incluso uno de los días, que no apareció en toda la etapa, pensamos haberlo perdido definitivamente. Pues bien, en la etapa siguiente volvió a caminar con nosotros.

Había comentarios que especulaban con todo tipo de hipótesis. Desde que el perro “era el santo encarnado cuidando el camino” hasta que “protegía y guiaba a los peregrinos que más lo necesitaban” pasando porque era “la fuerza del camino la que le impedía abandonarlo”. Lo cierto es que yo hacía interpretaciones mucho más simples y mundanas. Seguramente lo que Santiago estaba buscando era un amo que se ocupara de él y, como en el camino había muchas personas disponibles, buscaba a alguien que lo quisiera.

No me cabe ninguna duda de que al final lo consiguió; de que encontró a alguna persona que se ocupara de él. Si algo aprendí en el camino es la fuerza que puede llegar a tener la propia determinación y Santiago, el perro, tenía, como he dicho, mucha.

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