Capítulo 5. RETAZOS DEL RECUERDO, PERLAS DE SENSACIONES

Empecé a escribir la etapa anterior, sentado en el albergue de Jato, justo después de comer pero solamente me dio tiempo a escribir unas pocas líneas. No volví a escribir en mi diario nada de lo que me sucedió en el resto de las etapas del camino.

La razón es muy simple: no tenía tiempo o, mejor dicho, elegí y decidí no tenerlo. Me parecía que había cosas mucho más interesantes para hacer.

Desde el primer día de mi camino había estado dedicando entre una y dos horas diarias a consignar en mi diario, un librito negro, como un misal, las vivencias y sensaciones que había experimentado. Eran unos momentos de introspección y de recogimiento que me resultaban muy satisfactorios y placenteros. Era una reconstrucción de mi día; de cada uno de mis días. ¿Qué era lo que había vivido? ¿Qué había visto? ¿Cómo me había sentido? ¿Qué emociones había experimentado? ¿Qué había descubierto? ¿Qué había aprendido? Eran las preguntas que estructuraban mi relato. Como ya he comentado al principio, en mis pensamientos, mi diario se convertiría, algún día, en un libro.

En el día número 28 de mi camino, cuando voy a irme a dormir, cansado no tanto de andar como de las intensas emociones experimentadas, me doy cuenta de que no he acabado de relatar en el diario lo vivido en ese día. Descubro, con sorpresa, que no he tenido tiempo para mi; para escribir en el diario. He estado todo el día compartiendo con la gente y me he divertido mucho. He compartido charlas, risas, anécdotas, bromas, comida y masajes. No he querido dejar de vivir ni uno de los segundos del día. Y, si algo caracteriza mis recuerdos de aquel día, es precisamente la intensidad. Fue un día lleno de emociones.

Mi primera intención es ponerme a escribir pero estoy muy cansado. Pienso que encontraré otros momentos para escribir y que, en realidad, tampoco importa demasiado que no escriba todo, todo, lo que me sucede.

Lo cierto es que no volví a escribir en mi diario. Como he dicho, no tuve tiempo y tampoco quise tenerlo. Elegí estar con los otros y con lo que el camino me deparara antes que estar conmigo a solas, que es lo que tenía que hacer para poder escribir. En aquel momento era más importante vivir que escribir; compartir que relatar.

Que dejara de escribir no significa que no volviera a estar o a caminar solo. Todavía hubo momentos en que lo hice, pero lo cierto es que, a partir de aquel día, esos momentos fueron cada día más escasos.

Lo único que fui consignando en mi diario fueron los recorridos diarios que realicé hasta el fin del camino. Me ocupaba muy poco tiempo y esa era una información que sabía que perdería si no la anotaba. Estas fueron las etapas que hice:

       16/8/1996. 29ª Etapa. Villafranca del Bierzo – O Cebreiro (28 kms.)

       17/8/1996. 30ª Etapa. O Cebreiro – Triacastela (21 kms.)

       18/8/1996. 31ª Etapa. Triacastela – Barbadelo (22 kms.)

       19/8/1996. 32ª Etapa. Barbadelo – Portomarin (17 kms.)

       20/8/1996. 33ª Etapa. Portomarín – Palas del Rey  (25 kms.)

       21/8/1996. 34ª Etapa. Palas del Rey –Cátedra de ecología (17 kms.)

       22/8/1996. 35ª Etapa. Cátedra – Rua  (27 kms.)

      23/8/1996. 36ª Etapa. Rua  –  Santiago de Compostela (21 kms.)

      24/8/1996. 37ª Etapa. Santiago – Negreira (20 kms.)

      25/8/1996. 38ª Etapa. Negreira – Oliveira (35 kms.)

      26/8/1996. 39ª Etapa. Oliveira – Faro de Finisterre (30 kms.)

Lo que he escrito a partir de aquí no es un diario. Son retazos de vivencias arrancados a los recuerdos. Algunos de ellos han permanecido imborrables a lo largo del tiempo y son perlas que brillan y siempre brillarán en mi interior con luz propia. Otros se me han ido despertando a medida que iba releyendo el diario para darle la forma de libro. Unos recuerdos me han hecho conectar con otros, que estaban desaparecidos en las nieblas del tiempo y, poco a poco, he podido reconstruir las últimas etapas de mi camino.

Las nuevas tecnologías, que apenas existían cuando yo hice mi camino, me han permitido, en más de un caso, contrastar mis recuerdos con la realidad actual o, al menos, con lo que de la realidad física hay en Internet. La curiosidad me ha llevado a querer saber qué ha sido de algunos de los lugares donde estuve o, simplemente, a comprobar si, en realidad, dichos lugares existieron o son el producto retrospectivo de la reconstrucción de mis recuerdos.

Lo que sigue es un mapa discontinuo hecho de fragmentos recuperados. Un mosaico de vivencias que, en algún caso, trataré de contrastar con informaciones de la red.

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