4.23. Vitrales, meditaciones y chasquidos de cortejo: de Mansilla de las Mulas a León

9/8/1996.

22ª Etapa. 7:20 h. Mansilla de las Mulas – 13 h. León

(22 kms.)

De buena mañana cruzo el puente sobre el río Esla. Camino alternativamente por la carretera y por sendas habilitadas en paralelo a ella.

Paro a desayunar en Villamoros. Estoy un poco preocupado porque me han dicho que la entrada a León es por carretera y no me apetece nada.  La carretera aisla; es como si obstaculizara o rompiera el vínculo que une al peregrino con la tierra, con el camino. Mientras estoy desayunando perdido en mis reflexiones  aparece Paz, que se está un ratito conmigo y luego sigue su camino.

Me pongo en marcha. Voy con paso rápido y el cuerpo responde muy bien. La postura de Olga para mis lumbares funciona a la perfección. Ya la hago de forma automática. Al principio tuve que forzar el cuerpo porque me parecía una postura antinatural. Ahora el cuerpo la ha integrado de manera normalizada. Está claro que eso de “natural” requiere siempre precisiones. Me parece que  lo “natural”, por más natural que sea, también se puede aprender.

El paisaje va cambiando poco a poco. Han comenzado a aparecer campos de maíz a ambos lados del camino. En Valdelafuente me encuentro a un grupo de valencianos con los que ya me he cruzado varias veces en el camino. Me dicen que la noche anterior el grupito llegó muy tarde al albergue y que esta mañana, Lorena, la chica sudamericana, preguntaba por mi. Me dice que todo el grupo viene, muy cerca, detrás de ellos.

Me siento a la sombra y me pongo a trabajar la vara. Aparece Lorena seguida por Michel y Pierre. Los cuatro caminamos juntos hacia León. Me explican que la noche anterior en el albergue los dos hospitaleros les confesaron ser homosexuales y que, prácticamente, acosaron a Michel al que pidieron repetida e insistentemente que se quedara con ellos. Se ve que jugando le cogieron el sombrero que yo le había dado cuando me compré el nuevo. Para poder recuperarlo Michel les tuvo que decir que era un regalo de su abuelito cosa que hizo que todo el mundo se matara de risa.

Una de las aragonesas, Susana, que el día que nos conocimos se refirió a mi como “el señor ese” y a la que yo le hacía broma con ese tema, decía: Si además de “señor ese” le llamáis abuelito, ya veréis lo que os dirá. Entre juegos y risas llegamos a León.

Carretera, carretera y carretera que la compañía y la conversación ayudan a sobrellevar. Entramos en la ciudad y nos dirigimos al albergue. Pertenece a las monjas hermanas Carvajales. Han habilitado un gimnasio para dar cabida a la cantidad de peregrinos que viajan a Santiago y parece que tendremos que dormir en el suelo.

Dejo todo preparado y me voy a comer yo solo. Un menú en una terraza precedido de una muy sabrosa morcilla leonesa. Después doy un buen paseo por el barrio viejo de León llamado “el húmedo”. Es un entramado de callejuelas muy estrechas donde bares y tiendas antiguas se alternan.

A pesar de ser un sitio precioso no me acabo de sentir bien. La sensación que me produce es la de haber abandonado el camino; es como si estuviera en un lugar que no me corresponde. La ciudad me viene grande, me faltan espacios libres, me falta el aire. Pienso que debo irme a la catedral, buscar un sitio apropiadamente resguardado y hacer una meditación. Necesito volver a centrarme.

La catedral es muy especial, la luz que se filtra por el rosetón y los inmensos y abundantes vitrales es muy especial. No hay mucha gente. El silencio lo llena todo y el ambiente, a la brumosa luz azul de los vitrales y a la claridad trémula y brillante de las velas, favorece la introspección. Me siento en un banco en postura de yoga y me abandono en la meditación.

Al salir de la catedral me siento un hombre nuevo, liberado, abierto al mundo y lleno otra vez. Me siento frente al pórtico en una terraza y me pongo a observar a las quizás más de 50 cigüeñas que evolucionan entre las agujas de la catedral. Es un espectáculo muy entretenido y muy bello.

Encima de cada pináculo hay una cigüeña. Toda la catedral bulle con ellas, que van intercambiando sus posiciones, tras pequeños vuelos, entre los distintos y abundantes pináculos catedralicios. Muy a menudo se escuchan chasquidos que producen con el entrechocar de sus largos picos. Según me dicen es el rito habitual de cortejo.

Mientras las contemplo aparecen Jesús, Xavi, Marisol (una de las aragonesas), Chus y Gema. Me dicen que el plan para la noche es irse de marcha por la ciudad, no dormir y, a las 6’30 de la madrugada, cuando abran el albergue, ir a buscar las mochilas para continuar camino.

Se nota que son jóvenes. Yo no acabo de tener claro qué hacer porque, aunque fuera poco, algo me gustaría dormir. Tenerlo todo siempre es difícil sino imposible. Ya veremos qué es lo que decido, finalmente.

A las 22 horas nos acercamos a la iglesia de las hermanas carvajales a escuchar cantos gregorianos; nos han dicho que lo hacen muy bien. Sólo puedo decir que estimulado por las tonalidades mágicas de aquellas voces y aquel ambiente subí al cielo.

Decidido a formar parte de todo, al menos un ratito, saco mis cosas del gimnasio y me busco una pensión. Eso me dará la libertad necesaria para hacer lo que quiera: quedarme toda la noche o retirarme si veo que es lo que me pide el cuerpo.

Cuando nos encontramos todos aluciné de lo que se habían arreglado y de lo guapas que estaban las chicas esa noche. Nuevamente escuchaba los chasquidos del cortejo, en este caso, muy humanos. Acostumbrado a verlas y a vernos a través de las “humanidades sudorosas” del camino fue toda una sorpresa. Alguna de ellas, muy maquillada, estaba casi desconocida. La verdad es que yo no buscaba nada pero me pareció bastante claro que, si lo hubiera buscado, esa noche hubiera podido encontrar.

Éramos un grupo de personas bastante grande porque se nos fueron juntado otros peregrinos. Hasta las 4 horas de la madrugada jugamos, comimos, bebimos y nos reímos. Incluso bailamos de forma desaforada. Fue una noche bonita y divertida. A esa hora y aunque todos los demás continúan la fiesta yo hago un discreto “mutis por el foro”.

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