4.18. La hermandad de la Fuente del Piojo: de Arroyo Sambol a la ermita de San Nicolás el Puentino (Itero de la Vega) (1ª parte)

4/8/1996.

17ª Etapa. 7:45 h.  Arroyo Sambol – 19 h.  Ermita de San Nicolás el Puentino

(26’5 kms.)

Me despierto con el sonido de cantos gregorianos. Es tarde. El hospitalero nos ha preparado café y nos ofrece bizcochos.

Hontanas: Nos ponemos en marcha Joan, Xavi, Esteban –un chico de Vergara- y yo. Avanzamos por el páramo desnudo.  Una llanura desolada y triste. La tierra es extrañamente oscura; una mezcla entre marrón y negro.

Al cabo de una hora de camino descendemos a la hondonada en la que se encuentra el pueblo de Hontanas. Dos grandes perros, tumbados uno a cada lado de la calle, marcan la entrada de la posada de Vitorino. Como él mismo nos había anunciado, ni se mueven cuando pasamos entre ellos. Nos prepara cuatro cafés y nos invita a unos orujos de hierbas.

Castrojeriz: La senda que sale del pueblo va por la ladera de una elevación. Discurre entre matojos secos. A la derecha, como una columna, una parte de la pared, de lo que debió ser en tiempos un edificio de piedra gris, se eleva desnuda hacia el cielo.

El sendero desemboca en una estrecha carreterita entre grandes chopos. Joan pone en práctica una de sus aficiones: buscar setas. Pronto llenamos una bolsa y planeamos hacer un revuelto con setas para comer en Castrojeriz.

A lo lejos divisamos las ruinas del antiguo convento de San Antón donde, según dicen, estaban los frailes antonianos que eran especialistas en curar una enfermedad llamada fuego sacro o mal de San Antón. La carretera pasa bajo dos grandes arcadas de piedra que todavía están en pie. Me paro a descansar en un banco al amparo de la sombra  de una de las paredes pétreas. Con mis compañeros, que deciden continuar, quedo en que me esperarán en Castrojeriz con el revuelto de setas preparado.

Estoy sentado trabajando el bordón con la navaja cuando aparece Michel, el francés que habla español que, por lo que me cuenta, se quedó descolgado de su grupo. Enseguida se sienta a charlar conmigo. Me pregunta si soy profesor; supongo que alguien debió comentárselo. Cuando le respondo empieza a explicarme que ha estudiado filología hispánica en Francia y que, aunque ha sacado muy buenas notas, no está muy seguro puesto que piensa que ha jugado con la ventaja del idioma, que ya dominaba. Le digo que me parece que eso no es suficiente para sacar buenas notas. Nos ponemos en camino siguiendo con la conversación y nos presentamos en Castrojeriz en un momento.

La colegiata es muy hermosa. Hay varios retablos preciosos en madera desnuda, sin pintar. Allí me entero de que San Antón es también el patrón del estómago así que, sin pensármelo dos veces, me voy a charlar un ratito con él.

Me siento en un banco y hablo interiormente. Doy gracias al santo o a quien sea por tener una úlcera de estómago no demasiado molesta. Me sirvió para librarme del servicio militar –de la mili- y, aunque de vez en cuando se despierta y me hace pasar unos días malos, no ocurre muy a menudo. Tampoco ha degenerado en perforación, como le sucedió a mi padre, así que no hay porqué no dar gracias por estar como estoy.

En el albergue encuentro a Xavi, Joan y Esteban. El primero está muy enfadado porque, cuando han llegado, el hospitalero cerraba para irse a comer y no le ha dejado la cocina para preparar el revuelto de setas. Ellos van a continuar camino así que les digo que ya nos veremos en Itero, que yo necesito descansar.

Michel envió una carta el día anterior a su grupo, desde Hornillos, para decirles dónde y cómo iba y para intentar reencontrarlos más adelante. Ahora busca en el libro del albergue para ver si le han dejado alguna nota. Pronto la encuentra y, de inmediato, se pone en camino.

Estoy sentado a la puerta del albergue cuando aparece Vitorino con el coche. Nos vamos juntos al bar a “echar un vino”.

Al volver al albergue me encuentro a los hermanos catalanes, Joan y Pere, que están descansando a la sombra en una placita del pueblo. Me como con ellos dos plátanos y un melocotón y otra vez al camino. Pretendo llegar hasta Itero de la Vega.

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