4.7. De Izco a Tiebas: una pareja de extranjeros

24/7/1996.

6ª Etapa. 8:15 h.  Izco – 18:30 h. Tiebas

(19’4 kms.)

Al despertarme me preparo para partir. Lo primero que hago es sujetar con imperdibles a la parte de atrás de la mochila las prendas que lavé la noche anterior para que se sequen con el sol del camino. Después, me pongo en marcha. Pronto me doy cuenta de que no tengo la rodilla demasiado bien. La sempiterna pista pedregosa entre trigales y balas de paja me vuelve a sumergir en el camino.

Al cabo de un rato de caminar me adelanta Ana con la bici. Me dice que se va a quedar a pasar unos días en Pamplona y que es posible que nos volvamos a encontrar más adelante en el camino.

Monreal: Paso el pueblo de Salinas donde una fuente medicinal me refresca en una paradita que hago de descanso. Después entro en una senda arbolada que me llevará hasta Monreal.

Camino con mucha dificultad. La rodilla, el calor y el hecho de no haber almorzado todavía me están obligando a reducir mis pasos al mínimo; voy muy despacio. En la senda me cruzo con un pastor y un rebaño muy grande; calculo unas 300 cabezas entre ovejas y cabras. Me hace gracia porque, como la senda no es demasiado amplia y yo voy mucho más lento, las ovejas y las cabras se empotran en los zarzales de la vera del camino para poder adelantarme. Lo hacen muy rápidas y atropelladas dejando un espacio de metro o metro y medio entre ellas y yo.

En Monreal vuelvo a cruzarme con la pareja de extranjeros. Ellos ya han almorzado y descansado. Yo me voy al bar y me tomo unos huevos fritos con jamón y un tomate abierto. Charlo con el camarero sobre los problemas que nos dan los pies. En mi caso caminando, en el suyo, estando de pie ocho horas seguidas tras una barra de bar.

Camino un rato por la carretera y pronto inicio la ascensión hacia la ladera de una sierra montañosa -la de Alaiz, de 1.089 metros de altura- que une varios pueblitos. El sendero, estrecho e irregular transcurre entre vaguadas que separan unos pueblos de otros. El calor resulta asfixiante.

A la derecha los trigales del valle. A lo lejos,  más o menos por la mitad del valle, pasa la carretera general. A mi izquierda la ladera de la sierra por la que transcurre el sendero. Junto a él unos metros de matojos ascendentes y, más arriba, un tupido arbolado.

Las subidas y bajadas por las vaguadas me castigan la rodilla y me he dado cuenta que se me ha empezado a hinchar. Lo único que puedo hacer es poner en ella mi conciencia, visualizarla, tratarla con el mayor cuidado posible y seguir adelante. Las subidas las voy aguantando como puedo; para las bajadas he de apoyar todo mi peso en la vara para liberarlo de la pierna.

Guerendiáin: Llego a Guerendiáin y, muy derrotado por el dolor y por el cansancio, me siento en una fuente. Al rato me encuentran allí la pareja de extranjeros. Deben tener entre 40 y 50 años. Él es belga y se llama Balduino, ella es gallega y se llama Flora. Vienen caminando desde 60 kilómetros antes de Somport. Han atravesado a pie los Pirineos. Cuando me ven la rodilla, Balduino saca un emplasto chino que lleva y me lo coloca encima con un apósito y un esparadrapo. Dice que es muy bueno y que debo llevarlo cuatro días sin quitármelo ni para ducharme.

Él es podólogo. Me sorprende ver que camina con unas sandalias de cuero. La razón que me da es muy interesante. Me dice que los legionarios romanos recorrieron todo el mundo antiguo con sandalias y que, sin duda, ellos debían saber.

Tiebas: El último tramo caminando es angustioso. Casi no puedo apoyar el pie, me noto muy hinchada la rodilla y tengo muchos problemas para caminar. Suerte de la vara que me sostiene.

En Tiebas me vuelvo a encontrar con Balduino y Flora. Me dicen que han preguntado por algún sitio para dormir y que, efectivamente la gente del pueblo nos va a proporcionar uno. El sitio en cuestión es una pequeña sala que la escuela del pueblo utiliza como gimnasio. Dormimos los tres encima de una gran colchoneta de color azul cielo de casi 60 centímetros de altura. Como lavabo usamos los servicios de la consulta médica que está unas puertas más allá del gimnasio. Y para ducharnos nos dicen que podemos hacerlo en el frontón o en las piscinas del pueblo. Es una maravilla cómo atienden a los peregrinos. Ponen lo que tienen a nuestra disposición sin pedir nada a cambio.

Cenamos los tres juntos en el bar del pueblo. Balduino tiene una forma de hablar muy divertida. En cada una de sus frases mezcla español, francés, inglés e italiano. Parece mentira pero se le entiende. Se comunica perfectamente. Hablamos sobre las delicias de la cocina riojana, que pretendemos disfrutar pronto, y sobre el significado que para cada uno de nosotros tiene el camino.

Mañana pienso tomármelo con mucha calma: he de darle un respiro a mi rodilla.

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